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martes, 26 de enero de 2016

John William Cooke y Ana Eguren

Cuando usted llegó a lo de Palacio, con su sombrero coronado de flores de durazno (¿o serían jazmines?) me dio la sensación de un bello junco a la espera de vendaval que lo abatiese inmisericorde. Usted me dirá que desde entonces han pasado diez años y, ¡ay!, muchos vendavales. No haga caso del almanaque, que es una obra mezquina de los burócratas del Tiempo. Son otros equinoccios los que rigen para nosotros. Yo le voy a contar la verdadera historia, la auténtica y real. De lo de Palacio fuimos a su casa, y hablamos de presidentes depuestos y de políticos, en la penumbra propicia de un crepúsculo de primavera. Comimos chez moi, usted leyó versos. Desde entonces, su adorable sonrisa de conejo iluminó mis felices noches de conspirador en desgracia. Ud., señora, aprovechó para hacerme víctima de sus artimañas e insolencias: puso en duda mi indiscutido talento, mis virtudes para el mando y mi condición de jefe; creó serias dificultades a mi acercamiento con el sector femenino del Partido; y en suma, intentó tratarme como a otros de sus peleles. Ahora culminan sus desafueros apareciendo en mi celda, a las horas más intempestivas para intranquilizar mi reposo y turbar mis pensamientos. (No crea que me quejo, señora: Ud. sabe que nunca me quejo). Dicen que estoy por abandonar esta celda y me apresuro a escribirle. ¿Por qué? ¡Ah señora! No es que no sepa que de Ud. se puede decir la frase del poeta: Qu`est-ce qu`il y a de plus changeant qu`un matin d`avril, si ce n`est que le coeur de mon amant (confío en que mi francés sea menos traicionero que Ud.). Pero eso no impide que yo tenga el deseo de verla caminar y moverse cerca de mí, mientras su cara conejal se anima y profiere impertinencias, y los lugares van quedando contaminados con su coquetería insoportable. Ya ve señora, que humildes son mis anhelos. Venga a verme. La llamo apelando a los lazos indestructibles que unen a los conspiradores y a una relación de la cual lo menos que podrá decirse (en el peor de los casos) es aquella otra frase: questa é una piccola aventura, patética, milagrosa, e cuasi d`amore. / John William Cooke desde la cárcel a Ana Eguren, finales de 1955.

martes, 12 de enero de 2016

Llegar a ser la propia totalidad

VI. Su poder es fuerte si se transforma en Tierra.
VII. Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.
VIII. Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez./
Preceptos de Hermes Trismegisto. Tabla de Esmeralda.

Cobardía descubierta

Sufrir de facilidad para trocar conceptos frente a los dolores de la vida. Una película repetida y aburrida que me acaricia la espalda y la piel, bajo la mirada de turbios desencuentros. Huelo desde lejos un dolor apasionado, sostengo en brazos la necesidad de creer que es, a pesar de la distancia. Y aparece el rostro aventurero en mil gracias y desgracias imposibles. El triunfador que no necesita sonreír es el que sabe cuándo creer es lo mismo que saber. Conozco las diferencias entre alegría y felicidad, triunfo y victoria, nostalgia y melancolía, dolor y sufrimiento. No hay temor, aunque la desesperación arrugue el vestido y los escombros por un rato.

mabelBE

lunes, 11 de enero de 2016

Lost for word

Costumbre

¿es esto bazofia, es lo no arriesgado?
con esta costumbre de mezclar yuyitos
de encontrar formas de ser la que soy
entre anís, magnesio, cáscara de naranja
espalda en el suelo, poetizar procesos

¿es esto pavada, es lo que no existe?
entonces me canso y decido que basta
-a estas alturas, basura elegante..?-
últimos colores que engendran calor
buscan en lo oscuro, fiel desván azul

¿es cero a la izquierda, obstáculo, rasgo?

del suelo me paro, pisada en contacto
y así es como sé que empieza la cura
por esta costumbre de unirme a las cosas


mabelBE


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